Farrel & Cornell

Publicado: 3 julio, 2007 en Mis Noticias.
Ayer nomás, los cantantes norteamericanos Perry Farrell y Chris Cornell sacudían el espectro del rock con sus respectivos maremotos creativos: Jane’s Addiction y Soundgarden. La primera era una banda desbordante como un tsunami. En los primeros ‘90, tomó por asalto la escena de Los Ángeles con un rock duro de pretensiones integrales. Constaba de estiletazos punk, metal colgado, psicodelia, y refería al esperanto cultural de una de las ciudades más extendidas del mundo. En ese contexto, Farrell se convirtió en gurú del rock alternativo y pensó al festival Lollapalooza como plataforma de despegue masivo para el rock más excitante. Quería poner patas para arriba al mainstream, y se puede decir que lo logró.

Cornell, por su parte, comandaba como cantante y letrista al grupo más pesado, complejo y fascinante de la escena de Seattle, la misma que alumbró a Nirvana. Aun cuando la crítica tendía a subestimarlo por ser un refrito de Black Sabbath, Soundgarden se las arregló para refundar un sonido que, hasta entonces, había caído preso de los clisés. La voz de Cornell le devolvió la fe a quienes canonizan como vacas sagradas a las grandes gargantas del metal.

A todo este fulgor, estos artistas supieron mantenerlo luego con bandas sucedáneas (más Farrell en Porno For Pyros que Cornell con Audioslave) o proyectos paralelos (genial Cornell con Temple Of The Dog). Y también con sus primeros solistas (Farrell hizo el desconcertante Song yet to be sung; Cornell se suavizó un poco Euphoria morning).

Bueno, a resetear la máquina porque, en tiempos en que ya se siente melancolía por la década del ‘90, los solistas vuelven al ruedo con las defensas bajas, casi como desmarcándose de los antecedentes detallados.

Dejan constancia Ultra payloaded, el disco debut de Satellite Party (nuevo proyecto de Farrell editado por Sony – BMG), y Carry On (segundo solista de Cornell tras ocho años, publicado por Universal).

Querida mía
En el arranque de Satellite Party, además de dejarse acompañar por su esposa Etty, Farrell se alinea con Nuno Bettencourt (guitarrista de Extreme) y acerca un aceptable híbrido de rock, electro y experimentos caprichosos (como poner la voz de Jim Morrison en Woman in the window) que en todo momento insinúa una explosión que, finalmente, no tiene lugar.

Esa sensación de algo por venir, cabe advertir, no capta la atención sino que la dispersa. Pero lo más decepcionante es escuchar a Farrell alterar su salvaje vibrato para dar con uno de tenor biempensante. Sí, sí, en Awesome y Mr. Sunshine se acerca peligrosamente a Bono.

No obstante lo descripto, Farrell ostenta una media para los cánones rock & pop que garantiza disfrute hi fi.

Lo de Cornell roza la vergüenza ajena. Porque no contento con sonar estandarizado a lo largo de Carry on, se permite llevar el clásico disco Billie Jean, de Michael Jackson, a un desoncertante registro de folk eléctrico. No hay sorpresa en el gesto, ni rastros de lo que Cornell fuera alguna vez. Ahora se lo oye insulso. Lástima.

 

Fuente: LA VOZ DEL INTERIOR

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