La diferencia entre prosa y poesía

Publicado: 29 marzo, 2007 en Sin categoría
La de la poesía es una de las cuestiones más arduas y polémicas de las que a diario se suscitan en el taller. Y parece que todo el meollo del problema parte precisamente de la estructura:

Una estructura regular tranquiliza; una irregular provoca. Frente al poema contemporáneo la mayoría se desconcierta, permanece fría, no se "entrega", se envara en una actitud de desconfianza.

"Aquí no hay poesía", se comenta entonces. "¿Qué quiso decir?" "¿Por qué haber usado estas palabras?" "¿Por qué colocarlas de este modo sobre el papel?"

Detengámonos por ahora en la aseveración "aquí no hay poesía".

Pocos conceptos como los de "belleza" y "poesía" se han relativizado tanto como estos durante este siglo. Tradicionalmente no se concebía una sin la otra. El llamado "feísmo", la incorporaciön de lo mecánico, (de Whitman a Marinetti), de vocablos considerados "no poéticos", etc. fueron poco a poco socavando la idea estetizante que se tenía de la belleza, en cuanto sinónimo de armonía, elegancia, pureza, perfección. Sin duda un concepto de belleza idealista e idealizado.

A esta dupla poesía – belleza contribuía la estructura: un verso medido y rimado, un poema armonioso y musical, eran de por sí considerados poéticos.

¿Qué ocurre cuando dejamos de asociar recíprocamente estos dos conceptos? Aparece en todo su relieve el de "poesía". Asociado esta vez inevitablemente con el de "poiesis" (del griego = creación). Frente al mundo nos sentimos creadores. Lo que experimentamos en el contacto con las cosas y con otros – exaltación, atracción o rechazo, angustia o júbilo, asco o rabia, amor o dolor – nos impulsa a la acción, que es un modo de recrear el mundo. Todos, inmersos en la realidad y enfrentados a ella, actuamos (aún en la inacción) modificándola.

Es precisamente el lenguaje el que nos convierte en creadores: con sólo nombrar estamos actuando. El "nombre" se carga de significaciones, de connotaciones infinitas, y entonces la "cosa" ya no es más lo que era: hemos vuelto a crearla a nuestra medida. La poesía está relacionada justamente con esa re – acción profunda, esa conmoción, esa emoción que experimentamos enfrentados a la realidad. Es más: la poesía es esa emoción.

El lenguaje resultaría entonces sólo un vehículo, un instrumento más que sirve para concretar, para hacer visible y comunicable ese movimiento interno. Y el objeto concreto nacido en y del lenguaje es el poema (desde Homero hasta Borges). Como todo objeto creado por el hombre, fue experimentando una evolución paralela a la del hombre mismo.Así como en otros terrenos fueron abandonándose esquemas y formalidades, así en el poema fueron modificándose las estructuras, cada vez más sueltas, más abiertas, desde la exuberancia del verso libre inaugurado por Whitman en la mitad del siglo pasado, a la hermética condensación de Ungaretti.

Uno podría preguntarse ahora: ¿y la belleza?

La respuesta sería: También el concepto de belleza ha evolucionado, "relativizándose" como tantos otros y en su rodar de siglos ha ido incorporando rémora y pedregullo, aristas irregulares y filosas, elementos vulgares y cotidianos y hasta otros obscenos y escatológicos. Ya no se trata de verla como a un trozo de mármol esculpido, sino como una masa informe pero sin embargo mucho más poderosa y abarcadora. Hoy, es con esta masa informe que se construye el poema. (Por supuesto que puede resultar necesario y bello trabajar en algún momento con un trozo de mármol inmaculado).

De lo que se trata es de ver en el poema lo que hay, no lo que nosotros querríamos que hubiese según nuestros propios cánones. Lo cual lleva a concluir que no es que se hayan separado los conceptos de belleza – poesía, sino que ambos han sufrido las transformaciones que sufrieron todos los campos del pensamiento y la cultura.

Los cimientos, columnas, vigas, constituyen la estructura de un edificio. Esas vigas, esas columnas, esos soportes, están firmemente unidos entre sí. También en un texto llamamos estructura al armazón que lo sostiene. Las palabras, uniéndose entre sí, conforman ese soporte. En el terreno de la escritura, esa estructura, esa combinación de palabras es llamada sintaxis.

Esta concatenación adquiere en la prosa un movimiento diverso del de un poema. Tal vez la diferencia entre ambos descanse fundamentalmente sobre el concepto de sintaxis.

Según el modo en que hayamos utilizado dos recursos básicos de la sintaxis, la síntesis y la elipsis, nuestro texto se aproximará más a la prosa que a la poesía o viceversa.

Hay textos que se nos "aparecen" como textos en prosa pero en realidad son poemas cuyos versos están encadenados sin solución de continuidad. Salvo que la sintaxis está trabajada como en un poema.

Extraído del libro Taller de Escritura de Alma Maritano.

 
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