Publicado: 20 marzo, 2007 en Sin categoría

"Mi película no es acerca de Vietnam. Mi película es Vietnam".
Francis Ford Coppola.

Apocalypse now, es quizás la más cruenta aportación cinematográfica al análisis de la guerra de Vietnam. John Millius, guionista, y Francis Ford Coppola, director, partieron de la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, y de lo que allí servía como base dramática (en la película, el capitán Willard –Martin Sheen- del Servicio de Inteligencia estadounidense, tiene como misión adentrarse por la peligrosa Camboya en guerra para encontrar a Walter E. Kurtz –Marlon Brando-, coronel renegado del ejército americano que, al parecer, está cometiendo una serie de atrocidades con una milicia nativa comandada por él) para desplegar ante el espectador el viaje físico e iniciático de Willard a través de un país que sangra por la guerra.

Lo que el protagonista y el propio espectador encuentren al final de este viaje, es mucho más que un veterano y loco coronel renegado, será la locura misma de la guerra, pero en su forma más demente, el fondo del pozo de la violencia cuando esta deja de tener sentido para el que la comete. Kurtz, ex combatiente condecorado por el ejército, penetró en la locura inhumana de la guerra y llegó más lejos que nadie, tanto que ahora el regreso es imposible. Como con Kurtz, detrás de Apocalypse now no hay esperanza ni redención, y si desasosiego espiritual. Lógica parecía entonces la decisión de Coppola de empezar el film con las notas de una canción de los Doors: The End, el fin, el fin de todo.

"Estamos perdidos. No tengo ni idea de qué hacer con esto" le confesaba Francis Ford Coppola a su mujer Eleanor durante el rodaje de Apocalypse now (el comentario, como muchos otros grabados in situ, pertenece al documental de 1991 Hearts of darkness. A filmaker´s apocalypse, pieza firmada por Fax Bahr y George Hickenlooper, que daba buena cuenta de lo que significó para todo un equipo humano el trasladarse a Filipinas a realizar una película como esta. Para la ocasión, la esposa de Coppola prestó imágenes exclusivas tomadas durante la producción, momentos de tensión de Coppola con los actores y las dudas del propio director ante las tremendas dificultades del rodaje, escenas que, en muchos casos, ni el propio director sabía que se estaban grabando).

"Estamos perdidos. No tengo ni idea de qué hacer con esto" le confesaba Francis Ford Coppola a su mujer Eleanor durante el rodaje

La producción desde el comienzo, se fue asemejando más a un castillo de naipes poco antes de venirse abajo. Un director luchando por un proyecto monumental, infinitamente más grande de lo que él mismo esperaba. El rodaje durísimo en la selva filipina, con monzones asolando los decorados, miembros del equipo enfermando, escasez de víveres, la presión del presidente Ferdinand Marcos por alquilarle a Coppola los helicópteros que se utilizaban en algunas escenas, con el objetivo de llevárselos a sofocar una rebelión que se estaba produciendo contra su gobierno; Dennis Hopper incapaz de recordar sus líneas de diálogo e improvisando continuamente, Martin Sheen tratándose de mantenerse en pie, completamente borracho, y Marlon Brando discutiendo arduamente con Coppola acerca de su papel.

Sin duda, la aparición de Brando interpretando al Coronel Kurtz al final de la película ha pasado a la historia como un momento de gran impacto y retorcida emoción. Posteriormente al estreno del film, muchos críticos cargaron contra la interpretación rebuscada y aparentemente poco realista del personaje de Kurtz, de hecho, casi nadie apostaba por Brando antes de empezar a rodar. Coppola por su parte, confiaba en él igual que lo había hecho años antes contra viento y marea para El Padrino, pero en esta ocasión, tuvo que enfrentarse a un Brando tan genial intérprete como insoportable en el trato personal. El actor cobró un millón de dólares por su corta aparición en la película, y exigió que solo se le filmase en sombras. Llegado el momento del rodaje de las escenas finales, Coppola descubrió indignado que Brando ni siquiera se había molestado en ojear la obra de Joseph Conrad en la que estaba inspirado el film, tal y como él le había pedido. En un momento de la filmación Brando recita uno de los torturados diálogos de Kurtz, al terminar su actuación, el motor de la cámara sigue sonando, quizás debido a que Coppola está esperando a que Brando diga alguna frase más que figura en el guión, pero el actor espeta: "bien, este es todo el diálogo que se me ocurre hoy".

El rodaje llegó a ser tan exasperante, que incluso lo que Coppola estaba filmando se ajustaba cada vez menos a lo que marcaba el guión. La United Artists, temiéndose un desastre financiero, envió a Filipinas a John Millius para que arreglara el guión y situara de nuevo a Coppola en la dirección correcta.

Sin duda, la aparición de Brando interpretando al Coronel Kurtz al final de la película ha pasado a la historia como un momento de gran impacto y retorcida emoción.

Finalmente, en 1979 se estrenó la película terminada (aunque nunca tal y como la había concebido el director, quién, en la nueva versión en DVD, Apocalypse now Redux, ha remontado el film junto con uno de los montadores originales, Walter Murch, añadiendo ¡53 minutos! de imágenes inéditas) y recibió la Palma de Oro en el Festival de Cannes, más dos Oscar en los Premios de la Academia.

Para la memoria colectiva no solo quedarán las escenas de Willard con Kurtz y los nativos Montagnard. Memorables en toda su catarsis inhumana son las escenas de ese verdadero cerdo interpretado por Robert Duvall, el coronel Kilgore, disparando indiscriminadamente él y sus soldados desde helicópteros a los habitantes (muchos de ellos niños) de un pueblo vietnamita, a ritmo de La cabalgata de las Valquirias de Wagner, el mismo Kilgore que posteriormente confiesa que ama "el olor a napalm por las mañanas". En otro instante sangrante del film, es el propio Willard, en teoría el personaje positivo, quién dispara a bocajarro a una madre de familia vietnamita que agoniza después de haber sido ametrallada ella y su familia.

Pocos saben que este proyecto que Francis Ford Coppola supo convertir en una de sus más personales odiseas fílmicas, debía ser dirigido en un principio por George Lucas. Mejor no pensar que habría hecho con este material el ahora pésimo director de La amenaza fantasma y El ataque de los clones.

Saludos.

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