Fragmento del libro El Rey Lagarto sobre la visita de The Doors a México

Publicado: 19 diciembre, 2006 en The Doors

A mediados de 1969 The Doors pasaba por su peor racha propiciada por el turbulento incidente de Miami: muchas presentaciones habían sido canceladas en los Estados Unidos, y en los pocos lugares dónde aún podían presentarse permanecían rodeados de policías listos para aprehender a Morrison al mínimo desplante de indecencia. Además debían dejar un depósito de 5 mil dólares como garantía a los dueños de los auditorios, la cual se perdería si actuaban indecentemente. Las radiodifusoras los tenían en su lista negra no incluyendo sus canciones, aunque el éxito del momento Touch Me seguía vendiendo a pesar del grave problema económico por el que pasaba el grupo. Después de algunas presentaciones esporádicas surgió la oferta de venir a tocar a México lo que marcaría nuevamente el inicio de las grandes presentaciones. Aquí presentamos un fragmento del libro "The Lizard King: The Essential Jim Morrison" de Jerry Hopkins, reportero de la revista Rolling Stone que acompañó a The Doors durante su visita por México.

Uno de los primeros grandes conciertos tendría lugar en México durante junio. The Doors tocaría en la Plaza Monumental, que era la plaza de toros más grande de la Ciudad de México, como su nombre lo indica. La idea era cobrar de 40 centavos a un dólar la entrada, para que los chicos de la ciudad pudieran asistir. Fui el único reportero invitado al concierto (por Rolling Stone). Recuerdo haber visitado la oficina de los Doors la noche anterior a la salida programada. Mario Olmos, el promotor del concierto, llegó a la oficina con un cheque de caja por $20,000 dlls y dijo a Billy Siddons y a otros que la actuación no iba a ser en la plaza de toros, que iba a ser en un gran club nocturno, comparable con el Copa de Nueva York o el Hotel Ambassador de Los Angeles. Olmos, quien llevaba a Javier Castro, el dueño del Forum, con él, dijo que le fué imposible obtener los permisos necesarios. Al igual que en los Estados Unidos, habían tenido lugar desórdenes estudiantiles en la Ciudad de México y el gobierno no quería que se juntaran demasiados jóvenes en un lugar a la misma hora. The Doors no habían sido consultados acerca de este cambio y no les gustó eso.

La pequeña oficina estaba alumbrada con velas, botellas de cerveza vacías estaban por todos lados, y todos decían cosas como, "A la chingada, no vamos". Mario explicaba que no era su culpa, y probablemente no lo era, por lo menos no toda, y eventualmente Jim y los demás cambiaron de parecer y fueron a casa a terminar de empacar. Al día siguiente salieron en avión con cientos de libras de equipo de sonido.

Nos hospedamos en un bonito motel construido alrededor de una alberca en una bella sección de la iudad, no lejos del Museo de Arqueología. (Muy elegante con respecto a los patrones de la Ciudad de México, el guardia en la puerta tenía una pistola plateada en su funda y un cobertor a prueba de agua para cuando lloviera). Se nos asignó una traductora, brillante mujer con más clase aún que el motel, y un par de limosinas Cadillac, blanca y negra, disponibles las 24 horas del día.

Despés de que llegamos, Jim me preguntó si podíamos cambiar cuartos y le dije que sí. Más tarde en la noche, por supuesto, Pam llamó y la recepcionista la mandó a mi cuarto. Que era lo que había planeado Jim. Así que le dije que tenía el cuarto equivocado y le di el correcto para que la comunicaran. A la mañana siguiente, Jim me sonrió y me dijo, "en verdad sabes cómo lastimar a un hombre".

Jim se mantuvo juguetón toda la semana. La primera noche él y yo compartimos la limosina blanca, mientras que los otros tres Doors viajaban en la negra. Conforme nos acercábamos al club, vi una pintura de quince pies de altura con la cara de Jim en la pared que se encontraba frente al club. No se parecía al Jim con barba.

Los demás Doors salieron del Cadillac negro y fueron bien recibidos por gritos de los fanáticos apretujados cerca de la entrada al escenario. Nadie puso demasiada atención cuando Jim salió del auto. Estaba irreconocible. Se rió brevemente y gritó a los fanáticos, "¡Hey! ¡Aquí! Dénle algo al cantante".

Antes del espectáculo, me senté con Billy Siddons en un café cercano. Billy me dijo que estaba molesto por el hecho de que Jim no quería afeitarse. Me dijo que le pidió a Jim deshacerse de la barba, pero que no había querido.

Las actuaciones fueron buenas y bien recibidas. "The End", como se descubrió era el éxito más grande de The Doors en México, por razones que expertos en catolicismo y estilos de vida machistas tendrán que adivinar. Cuando Jim llegó a la línea, "Padre quiero matarte/Madre quiero…", todos los muchachos en la audiencia terminaron la frase por él con potentes voces. También descubrimos que la canción estaba al principio de la lista en todas las rockolas de la Ciudad de México y se tocaba con tanta frecuencia que el plástico blanco de éstas estaba desgastado.

Durante toda la semana, Jim se comportó mejor que nunca. Principalmente se quedaba sólo leyendo. Cuando salíamos era accesible, amigable, echando mano de su español de secundaria para comunicarse con fanáticos locales. El día que fuimos al museo de arqueología, él se separó con una jóven pelirroja, una mujer norteamericana que era conocida por ser una de las "Groupies Presidenciales", una banda de mujeres principalmente norteamericanas que se habían unido al hijo del Presidente. Otro día fuimos a un parque dónde tocan mariachis y Jim y yo nos emborachamos y pagó una suma extravagante por una bandeja de servicio para meseros. Y otra noche, mientras regresábamos al hotel de un club, de nuevo él estaba un poco ebrio y mientras el chofer aceleraba a una velocidad de 80 en el velocímetro, bajando a 50 para poder dar vuelta, Jim se asomó fuera de la limosina y apuntó con su dedo como si fuera una pistola.

"¡Ándele!", gritaba en español a la noche. "¡Bang… Bang… Bang! ¡Ándele! ¡Ándele!". Un bandido cabalgando con el fantasma de Zapata en un Cadillac por Avenida Revolución en una bochornosa noche mexicana.

Por Jerry Hopkins – Publicado en el Libro Lo Esencial del Rey Lagarto

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comentarios
  1. Unknown dice:

    puess k loko aver konvivido kon jim morrison por k me hubiera encantado kono cerlo y k  opinara de mi poesia
    k yo escribo ya k el me inspira demaciadop  bueno nimodos tal vez alguna vez k habra las puretas de lapercepcion lo konosca bye peace and love besos y cerezas
     

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